[2.enero.2012]
«La
utopía está en el horizonte. Camino dos pasos,
ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más
allá. ¿Entonces para que sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.» (Eduardo Galeano)
A pesar de haber tenido múltiples profesores en mi vida
académica no llegan a la media decena aquellos a los
que considero maestros; tal vez no se deba a la falta de autoridad
y conocimiento en las respectivas materias de quienes en su
día me dieron clases sino, más bien, a la severidad
con que juzgo yo a mis antiguos docentes.
Luis Fernández Augusto es uno de los
pocos instructores a quienes sigo considerando Mi Maestro y
no sólo por ser, acaso, uno de los mayores expertos en
marketing de España ni por su reconocido prestigio como
economista sino por añadir, a los mencionados méritos,
unas cualidades extraordinarias para la docencia, una generosidad
de espíritu y una vocación indefinida de padrinazgo
hacia quienes hemos tenido la fortuna de habernos formado bajo
su tutoría.
Pues bien, por una vez y sin que sira de precedente, me atreveré
a discrepar de Mi Maestro Luis Fernández:
Él afirma que «nos encontramos
en el inicio de un cambio de ciclo tal y como sucedió
en la crisis del 29» mientras que yo sostengo que
no es el final de un ciclo sino que estamos ante el final de
un modelo económico. Pienso que el actual arquetipo neoliberal
ha fracasado y que cualquier medida que se adopte no pasará
de ser tratamiento superficial de una herida tan profunda que
no responde a terapias paliativas; la estructura económica
capitalista, heredera de las tesis desarrolladas por Adam
Smith en su «Teoría de los sentimientos
morales» está clínicamente muerta
y no sólo afecta a una parte de nuestro organismo sino
que la metástasis amenaza con destruirnos como sociedad.
El problema es mucho más profundo que el del mero agotamiento
de un sistema económico, es más, a mi juicio,
lo que ha naufragado es el propio sistema político del
liberalismo de Jean-Jacques Rousseau y de su
obra «El Contrato Social» de la
que se derivan todas las constituciones de los países
que, en la actualidad, se autodenominan democracias.
Así las cosas deberíamos reflexionar sobre cuáles
son los recursos de los que disponemos y el por qué son
tan escasos o, lo que viene a ser lo mismo, deberíamos
redefinir la economía porque el modelo dominante ha hecho
posible que la gente no sea capaz de concebir, si quiera como
posible, otra realidad económica es decir, el grueso
de la población occidental cree que economía,
mercado y mercado capitalista son una misma cosa.
El actual marco económico a nivel internacional adscrito
desde mediados de los 80 a la doctrina más salvaje del
capitalismo representada por la «Escuela de Chicago»
y por las tesis de los economistas George Stigler y
Milton Friedman (a los que, a mayor abundamiento
se les premio con el Nobel de Economía) consagra el dominio
de la propiedad privada sobre los medios de producción
dando lugar a una relación jerárquica de funciones
entre el empleador y el empleado, establece que los recursos
invertidos por los prestadores de capital para la producción
económica deben estar en manos de las empresas y personas
particulares que los adquieran y de esta forma a los particulares
se les facilita el uso, empleo y control de los recursos que
utilicen en sus labores productivas, de los que, a fines empresariales,
podrán usar como mejor les parezca. Asimismo, el capitalismo
bendice el «Cálculo Económico»
es decir, la libertad de las empresas para conseguir recursos
económicos y transformarlos en una nueva mercancía
o servicio y la libertad, también para escoger el negocio
que deseen desarrollar y el momento para entrar o salir de éste.
Basa sus reglas de juego en la «Competencia»
entre un gran número de empresas o personas que ofrecen
y venden un producto en un mercado determinado en el que, a
su vez, existe un gran número de personas o empresas
que compran o demandan esos productos o mercancías. A
través de la competencia se establece una rivalidad entre
los productores que anhelan acaparar la mayor cantidad de consumidores/compradores
para sí en unos mercados regulados por las «Leyes
de la Oferta y la Demanda» responsables de fijar
los precios según los cuales se intercambian las mercancías
y de asignar los recursos y la distribución de la riqueza
entre los individuos.
Ante el fracaso del modelo económico marxista, la maquinaria
informativa mundial del sistema capitalista mediante su control
de los medios de comunicación a través del denominado
«Lobby Judío» del
CFR (CNN, CBS, NBC,
The New York Times, The Daily Telegraph, Le
Figaró, The Economist, The Wall Street Journal, Le Monde,
The Washington Post, Time,
Newsweek, US News & World Report,
Business Week, etc.) ha adoctrinado a la población
mundial con el dogma de no existir otra economía que
la capitalista; el CFR conforma un poderoso
centro de análisis y planeamiento geopolítico
y estratégico del capitalismo imperial sionista en sus
fase trasnacionalizada y globalizada que también controla
la formación académica de las más prestigiosas
universidades de las que proceden la mayoría de los profesionales
que cubren los puestos clave de la administración estadounidense,
incluyendo los cargos más relevantes en sus fuerzas armadas
(Harvard, MIT Massachussets Institute
of Technology, Columbia, Johns
Hopkins, Princeton, Yale,
Standford y Chicago, entre otras).
Quienes piensen que este articulista reinventa algo así
como «a vieja confabulación judeo-masónica»
tantas veces esgrimida durante la Dictadura franquista no tienen
más que adentrarse en el CFR (Consejo
de Relaciones Exteriores) y apreciarán por sí
mismos que se trata una poderosa organización centralizadora
del capitalismo trasnacional a nivel planetario, de muy bajo
perfil público, y de alta efectividad, integrada por
unos 3.600 miembros del más alto nivel, prestigio e influencia
en sus respectivas disciplinas y ámbitos de poder, tanto
en los EE.UU. como en la Unión Europea con el propósito
de vertebrar un capitalismo sionista trasnacionalizado expresado
en el dominio abrumador de un reducido número de empresas
multinacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados,
sobre la producción, el comercio y las finanzas mundiales,
que implica modificaciones de todo tipo, en la economía,
en la sociedad, en la vida política, en la cultura, etc.
Este capitalismo sin fronteras se asienta en dos pilares fundamentales:
la especulación financiera informatizada (con asiento
territorial en Wall Street) y la tecnología
militar-industrial de última generación (cuya
expresión máxima de desarrollo se concentra en
el Complejo Militar Industrial de los EE.UU.).
Pero la pregunta debe ser, más allá del capitalismo
globalizado, injusto e inhumano ¿existe vida? Yo creo
que sí y voy a tratar de esbozarla aunque que ya la definía
de manera extraordinaria Emmanuel Mounier en
1935 en su obra «Revolución Personalista
y Comunitaria»: «la
economía está destinada para servir al hombre,
y no el hombre al servicio de la economía».
El economista Jorge Arturo Chaves (con quien
tengo el honor de compartir página en el Foro «Portal
de Economía Solidaria») sostiene que «Lo
que interesa señalar es que hablar de economía
solidaria apunta a una realidad que existe, que va creciendo,
a la que se invita a fortalecer, y para nada se trata de un
planteamiento utopista, en el sentido peyorativo del término,
ni de un modelo teórico concebido acuciosamente en un
ordenador y que habría que ir realizando por etapas,
deduciendo los pasos a seguir».
Una alternativa de Economía Solidaria,
de Economía Popular, o de Economía
Personalista (cualesquiera de los nombres me satisfacen)
debe basarse en el ser humano como eje único del sistema,
una administración, producción y reparto de la
riqueza en la que el núcleo central sea el trabajo del
hombre y la sociedad y no el capital y los accionistas, donde
los valores de competencia y maximización de ganancia
del mercado sean supeditados a otro tipo de valores como los
de la solidaridad y la cooperación, un modelo que permita
a los sectores más desfavorecidos acceder a otras formas
de organización empresarial bajo el principio de la participación
—en contraposición al del libre mercado y la competencia—,
una modelo que no mida el éxito empresarial en función
de sus resultados económicos (pese a que estos son una
condición indispensable para el mantenimiento de la actividad
económica) sino, sobre todo, por su contribución
en términos de solidaridad, y cohesión social.
Ya en 1944 Karl Polanyi decía en su
obra «La Gran Transformación: Crítica
del Liberalismo Económico» que «la
propiedad privada es legítima si se entiende como la
relación del hombre con sus entornos natural y social
y del intercambio necesario para proveerle de los medios para
satisfacer sus necesidades». Años atrás,
José Antonio Primo de Rivera afirmaba
que «la propiedad es como una proyección
del individuo sobre sus cosas. En tanto es propietario, en cuanto
puede tener esas cosas, usarlas, gozarlas, cambiarlas…
Pues bien, este gran capital, este capital técnico, este
capital que llega a alcanzar dimensiones enormes, no sólo
no tiene nada que ver con la propiedad en el sentido elemental
y humano sino que es su enemigo». Y el ya citado
Mounier quien definía del siguiente
modo la propiedad privada: «el propietario
está poseído por sus bienes, vive más pendiente
de su protección que de su posesión. Lo más
característico de esta propiedad es que hace recaer toda
su atención no en el uso de lo propio, sino en la posibilidad
jurídica de poder privar a otros de su disfrute».
Conviene
resaltar que estamos hablando en términos de difícil
comprensión desde la actual mentalidad del ser humano
absolutamente confundido por unos valores de individualismo
y materialismo difundidos diariamente desde las escuelas, las
universidades y los medios de comunicación.
La
Economía Solidaria no pretende salvar al capitalismo
de su crisis sino que intenta plantear una alternativa de construcción
de otro modelo económico que incorpore iniciativas radicales
y transformadoras tanto en el sector público como en
el privado. Vayamos con algunas de las propuestas revolucionarias
que se están llevando a cabo o que podrían acometerse.
El dinero
El
dinero es un instrumento y cuando, de forma generalizada, se
convierte en un fin en sí mismo, las sociedades enferman
moralmente, dando lugar a importantes injusticias sociales.
El dinero no es neutro y ha perdido el contacto con las necesidades
humanas. El dinero, que nació como instrumento con el
que comprar y vender ha pasado a acumularse en manos de unos
pocos, a moverse virtualmente por todo el planeta o a financiar
gobiernos, guerras y empresas en contra de los propios ciudadanos.
Nació para estar al servicio de las personas y se ha
terminado convirtiendo en una cárcel para casi todos
y el instrumento de poder de unos cuantos. El proceso de globalización
al que asistimos se fundamenta en la movilidad del capital,
un capital muchas veces radicado en paraísos fiscales
y que además es el que decide qué actividades
son merecedoras o no de su inversión; así las
cosas, el dinero no contribuye a generar empleo y riqueza colectiva.
Ante esto aparecen las Monedas Sociales, un intento de recuperar
el espíritu para el que nació el dinero, lejos
de los históricos procesos de acumulación, permitiendo
generar riqueza y desarrollo, y considerándolo como un
mero instrumento para alcanzar mayores cotas de bienestar. No
es cierto que exista una carencia de materias primas, en La
Tierra existen recursos suficientes para todos y son las instituciones
económicas y el propio sistema quienes impiden que todos
los seres humanos tengan acceso a los mismos. Por ello las Monedas
Sociales plantan cara a la injusticia, la especulación
y el desarraigo del dinero convencional desarrollando un sistema
paralelo y complementario destinado a reequilibrar la relación
del hombre con los recursos naturales y una justa redistribución
de la riqueza. Estas «paramonedas» con distintos
modos de desarrollo han venido experimentándose desde
«La Gran Depresión» con
mayor o menor fortuna a lo largo y ancho de todo el planeta
y, en la actualidad, recobran fuerza con el impulso de algunos
reconocidos economistas de fama mundial. Uno de los ejemplos
decanos ymás reconocidos de Monedas Sociales es el Wir,
iniciado en 1934 en Zurich (Suiza), por un grupo de personas
alentadas por Paul Enz y por Werner
Zimmermann que crearon el Círculo Cooperativo
de Apoyo Económico Mutuo, inicialmente surgido
como una cooperativa que promovía el préstamo
sin interés y compensado por unos bonos Wir que posteriormente
podrían ser negociados y que sobrevive casi 80 años
después con más de 100.000 miembros y con un movimiento
de más de 2.000 millones de euros. El LETS
(Local Exchange Trading System) y el Time
Dollar son otras conocidas experiencias de Monedas
Sociales que están surgiendo en Estados Unidos,
Canadá, México, Ecuador, Bolivia, Colombia, Argentina
Australia, Nueva Zelanda, Francia, Reino Unido, Países
Bajos y Bélgica con cerca de 2.000 sistemas de Monedas
Sociales. Recientemente han llegado a España (el ECO
en Tarragona y la Grama en Santa Coloma de
Gramanet son algunos ejemplos de desarrollo de las Monedas Sociales
en nuestro país). Se trata, en definitiva de una alternativa
como sistema complementario a la moneda oficial, con un tipo
de interés muy bajo o nulo asociado a la moneda local,
que nacen para fomentar el rédito inicial del intercambio
y que es controlada por la propia comunidad que lo desarrolla,
que fija límites de acumulación para evitar la
desigualdad de la riqueza, que no puede padecer inflación
porque adecúa la economía monetaria con la economía
real. Las Monedas Sociales promueven una economía de
vecindad y, por ende, propician una mayor redistribución
de la riqueza, fomentan el desarrollo de un comercio justo,
evita que el dinero que genera la comunidad salga fuerade la
propia comunidad, etc.
El sistema financiero
En
palabras del todopoderoso presidente Obama «Esta
crisis tiene un culpable claro: la banca. Lo que nos ha metido
en este lío han sido los riesgos exorbitantes asumidos
por los bancos en títulos dudosos con el dinero de otros».
El Teólogo de la Liberación Leonardo Boff
afirma que «Es una ilusión
pensar que los que han producido la crisis, tienen la llave
de su solución. Ellos proponen más de lo mismo:
más producción, más fertilizantes, más
productos genéticamente modificados, más mercado
no para saciar el hambre sino para hacer más dinero.
Ninguno piensa en colocar más dinero en las manos de
los hambrientos para que puedan comprar comida y sobrevivir.
Pueden morir de hambre delante de una mesa repleta a la cual
no tienen acceso». La reflexión que cabe
hacernos es si la banca es un mal necesario o si de ningún
modo se puede concebir una alternativa económica al margen
del actual sistema bancario. También aquí entiendo
que debe haber una alternativa ética y viable. Decía
mi paisano Joan Fuster que «La
Economía o la hacemos nosotros, o será hecha contra
nosotros». Pero con independencia de la poderosa
razón de la frase fusteriana lo que resulta innegable
es que el dinero es imprescindible y que con el dinero se construyen
realidades, sirve apoyar guerras, para mantener regímenes
dictatoriales, para enriquecer a desalmados, para incrementar
las grandes desigualdades sociales… e incluso para generar
gravísimas crisis económicas como la que atravesamos
y cuyo impacto humano es de todo punto de vista incalculable.
La situación del actual sistema bancario es la de la
especulación, las burbujas, las quiebras, las intervenciones
públicas, la necesidad de apoyo estatal a grandes grupos
financieros... Todos los expertos coinciden en la necesidad
de revisión del actual sistema de financiación
y ahorro pero pocos se atreven a aventurar cómo hacerlo
y cuáles serán las características del
nuevo modelo. En consecuencia el objetivo altermundista no puede
ser otro que el de crear un nuevo orden económico mundial
que supere el modelo unipolar actual que da la supremacía
al mercado pero, ¿qué hacer mientras tanto, cómo
conseguir que esta declaración no quede en demagogia
populista o en meras aspiraciones utópicas? En este contexto
de redefinición del sector, un grupo de entidades están
ganando presencia y se configuran como uno de los actores a
considerar: La Banca Ética. En países como Alemania,
Italia, Holanda y Estados Unidos el segmento de Banca
Ética ha mantenido en los últimos años
ritmos de crecimiento anuales superiores al 25% en base social
y actividad, que contrastan con los ajustes en el sistema bancario
tradicional. Un dato más que significativo: mientras
las entidades financieras se han desplomado en todo el mundo
y los bancos y cajas han acudido al amparo de sus respectivos
gobiernos, la Banca Ética ha crecido
en términos generales. La disparidad de este movimiento
está totalmente relacionado con el tipo de inversiones
de uno y otro sector. Mientras que la banca tradicional financiaba
el ladrillo y crecía sobre la especulación de
las hipotecas, la banca ética se afianzaba, alejada del
negocio inmobiliario y los préstamos al consumo. La Banca
Ética surge como oposición y alternativa
al modelo financiero dominante en lo que ha venido a autoproclamarse
y sus orígenes se remontan a finales de los años
60 cuando determinados colectivos sensibles a valores como la
justicia, la ecología, la cooperación, la solidaridad...
empezaron a cuestionarse ¿dónde se están
invirtiendo nuestros ahorros?, ¿qué actividades
se están financiando con nuestro dinero?, descubriendo
que éstos iban destinados a sufragar proyectos o causas
contra las que diariamente ellos luchaban (asociaciones de médicos
que descubrían que estaban invirtiendo en empresas dedicadas
a la producción y distribución de tabaco o a la
elaboración de fármacos ilegales, grupos cristianos
que se enteraban que sus ahorros contribuían a financiar
material bélico, etc.). La Banca Ética,
en definición de Marta Iglesias, combina la rentabilidad
económica de un banco tradicional, con unos valores a
la hora de mover el dinero del que dispone. Normalmente sólo
conceden préstamos a proyectos viables y a la vez sostenibles
con el medio ambiente, o a personas que no tienen aval económico...
Muchos determinan también los negocios a los que no van
a dedicar dinero como comercio de drogas, tabaco, alcohol y
armas, empresas de juego, explotación laboral y trabajo
infantil. Entre sus valores fundamentales figura la transparencia
como uno de los más importantes: cada cliente puede saber
a dónde va cada euro del banco, con lo cual se asegura
de que sus ahorros no financian operaciones indeseadas. Después
cada banco tiene sus características propias, porque
la banca ética no es uniforme pero, la Banca
Ética suele caracterizarse por financiar proyectos
con alto contenido social o medioambiental: respeto a los derechos
humanos, educación, protección del medio ambiente,
energías renovables, propulsión alternativa, ocupación
laboral de discapacitados, desarrollo de proyectos en el Tercer
Mundo, concesión de microcrédito, etc. Otra característica
de la Banca Ética suele ser una mayor democracia y participación
en la toma de decisiones internas; algunas de ellas, incluso,
están constituidas como cooperativas.
Los medios de producción
La propiedad privada sobre los medios de producción significa,
inevitablemente, la explotación del hombre por el hombre
en una sociedad escindida en dos clases: la de los explotadores
y la de los explotados. Este modelo capitalista, donde la propiedad
privada sobre las medios de producción alcanza su máximo
desarrollo, produce como valor mercancías que son propiedad
privada de individuos. A medida que el capitalismo se ha ido
desarrollando, la propiedad privada de los capitalistas se ha
ido concentrando, fundamentalmente, en los medios de producción
y en el beneficio generado sobre los productos del trabajo.
Así, los monopolios capitalistas más importantes
en la industria, en la banca, en la agricultura y en el transporte
poseen capitales gigantescos y son los dueños y señores
de los destinos de la economía de nuestra sociedad. El
desarrollo de las fuerzas productivas contemporáneas,
cada vez más sociales por su carácter, tropieza
con los estrechos marcos de la propiedad capitalista privada.
La anarquía de la producción generada de la no
intervención del Estado en la política productiva
ha desnivelado la balanza de producción/demanda generando
una superproducción que no tiene salida a los mercados
como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo
de las masas trabajadoras y el dramático incremento del
desempleo apareciendo una tercera clase social, la de los parados
que, en un futuro no lejano, podría enfrentarse a la
de los trabajadores que deben mantener las políticas
de subsidio. Así las cosas, existe una necesidad imperiosa,
una urgencia ética de plantear una alternativa económica,
política, social y pedagógica que haga posible
que el pueblo pobre se organice, frente al sistema. Esta alternativa
deberá elaborarse, principalmente, a nivel económico
y político con repercusiones en lo ideológico
y en lo pedagógico. Hay una dignidad que nace del compromiso
moral por causas universales, como la defensa de los derechos
humanos, especialmente de los más desfavorecidos, la
lucha contra el deterioro de las condiciones de laborales, contra
el desempleo y otras causas que se refieren directamente a unas
situaciones históricas de injusticia social. El propio
Juan Pablo II, que oficialmente se distanció
de la Teología de la Liberación, tuvo un cambio
sorprendente en su discurso tras su paso por América
Latina y de una actitud inicial de desconfianza hacia esta propuesta
teológica progresista pasó a demostrar un apoyo
sorprendente y entusiástico. En Chiapas manifestó
«Hay queobrar pronto y en profundidad.
Hay que poner en práctica transformaciones audaces. No
es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas
situaciones claramente injustas. Hay que poner en práctica
medidas reales, eficaces a nivel local, nacional e internacional.
Hay que llamar por su nombre a la injusticia, a la explotación
del hombre por el hombre, a la explotación del hombre
por parte del Estado, de las instituciones, de los mecanismos
de los sistemas económicos». La primera
opción que se me plantea como práctica, a corto
plazo es la Economía Social. El propio
Parlamento Europeo ha instado a los estados
miembros a «tener en cuenta a la
Economía Social, así como a la diversidad de todas
las formas de empresa en las futuras políticas de empleo.
Las empresas de Economía Social son un actor importante
en la creación de empleo». Podríamos
definir la Economía Social como el conjunto de agentes
que se organizan en forma de asociaciones, fundaciones, mutuales
y cooperativas, en las que prevalece el trabajo por sobre el
capital. En España, la Economía Social aporta
casi dos millones y medio de puestos de trabajo en 48.000 empresas
que facturan el 10% del PIB y se agrupan enla Confederación
Empresarial Española de Economía Social. Mayoritariamente
se trata de Cooperativas, Sociedades Laborales, Mutualidades.
Empresas de Inserción, Asociaciones de Discapacitados
y Cofradías de Pescadores.
Pero,
desde mi punto de vista, aún resulta insuficiente. Cuando
lo que se pretende es ofrecer una alternativa al modelo neoliberal
imperante basada en la reciprocidad y en la concepción
del hombre como eje del sistema, no se trata sólo de
aspirar a una residual presencia de una alternativa laboral
con una mayor dosis de sensibilidad social sino que se aspira
a pensar y hacer economía de otra manera, a demostrar
que es compatible la competitividad con situar a la persona
y al colectivo de trabajadores en un primer plano convirtiéndose
en un medio eficaz para lograr la estabilidad y el pluralismo
de los mercados económicos. Hablo de crear Empresas
Autogestionadas generadoras de empleo y que resuelven
crisis sectoriales o territoriales gracias a su capacidad colectiva
de reaccionar frente a los problemas sociales. Hablo de empresas
que potencian el espíritu emprendedor de las personas
y la participación en la gestión. Hablo de empresas
comprometidas con sus territorios, no deslocalizándose
de donde nacieron, que crean en «lo local», desde
los problemas surgidos en él, y respondiendo a éstos
con soluciones rentables y justas. Hablo de construir empresas
que sean auténticas «escuelas de democracia»
y que vengan a generar una sociedad más equitativa, que
integre a personas con problemas de reinserción laboral,
parados de larga duración, mayores de 45 años,
jóvenes en busca de su primer empleo, mujeres, personas
con discapacidad, personas en riesgo de exclusión social.
Para hacer posible ese modelo de Empresas Autogestionadas
se tendría que pensar en un marco institucional
diferente al actual y en un cambio en la concepción política
de la gente; no se puede entender la democracia como el punto
de llegada sino como el punto de partida de toda trayectoria
histórica que conduzca hacia la erradicación de
la explotación y la dominación. Por tanto, no
es posible una «economía alternativa»
una aparición de Empresas Autogestionadas
eficaces, rentables y competitivas sin un comprometido apoyo
institucional del Estado que debe intervenir sin complejos en
la política económica y productiva y favorecer
el desarrollo de este modelo de creación de puestos de
trabajo. No se trata, pues, de destruir a cañonazos el
actual sistema ni de una toma guerrillera del poder político,
ni por la estatización de los medios de producción
sino por la socialización del poder político,
es decir, porque el poder político asuma su obligación
de intervenir de forma decidida y eficaz para contribuir a una
transformación social que favorezca una sociedad más
justa para todos los ciudadanos. No puede haber Empresas
Autogestionadas sin la adopción de medidas gubernamentales
destinadas a favorecer este modelo productivo, sin políticas
de promoción a la economía solidaria.
Soy
incapaz de mejorar la definición que Daniel Jover
sostiene en referencia a la actual situación: «La
crisis no es solamente económica-financiera, es también
de sentido existencial y de fundamento ético de nuestra
civilización: constituye el epicentro del seísmo
sistémico ya que no se sabe el rumbo y la orientación
que debe tener la superación del actual modelo. Y de
este modo, nos quieren hacer creer que esta crisis es huérfana
y que no tiene genealogía. Pareciera que no existen responsabilidades
colectivas ni individuales. Como si resultara fruto de la casualidad
y la fatalidad. Un ligero incidente no previsto. Un fenómeno
meteorológico natural y cíclico como el pedrisco.
Sin embargo pensamos que es necesario situarla con el contexto
de una crisis sistémica de civilización donde
el factor financiero solo es la parte visible de un gran iceberg
sumergido en el oscuro océano del miedo y la incertidumbre
provocada por la combinación de tres alienaciones simultáneas:
los dogmas del crecimiento, del consumo y del trabajo como absolutos».